La basura es un problema mundial. La gente suele arrojarla sin problema en las calles, sin tomar conciencia que no viene enseguida alguien detrás y la levanta, ni siquiera a la hora, o a las pocas horas. Pueden pasar días sin que nadie levante esa basura que hemos arrojado. Eso le da libertad al viento y a la lluvia para llevarla a otro lado, tal vez a una corriente de agua que se la lleva bajo la calle. Pero ese drenaje desemboca inevitablemente en un arroyo o río. Allí la basura no sólo contaminará el agua y la orilla, sino que puede dañar a los animales que por allí moran.
En Filadelfia, Estados Unidos, se han tomado la basura de una forma totalmente ecológica. No sólo colocan cestos de basura en las vías públicas, sino que funcionan como compactadores de basura, y como si fuera poco esos compactadores utilizan energía solar para funcionar.
Esos compactadores solares se llaman BigBellys (panza grande). Son alimentados por completo con la energía del sol, y gracias a que compactan la basura pueden contener hasta ocho veces más basura que un cesto típico de ciudad.
Instalarán 500 de ellos en julio próximo. Pero para agregar otro toque ecológico extra, 210 de esos compactadores solares tendrán cestos de reciclado.
El gobierno de la municipalidad de Filadelfia, ha calculado que con esos cestos se van a ahorrar 12,9 millones de dólares en los próximos 10 años, ya que sólo deben vaciarlos cinco veces por semana, en vez de las 19 veces que hay que vaciar a un cesto común (eso en Filadelfia, en Buenos Aires gracias si lo hacen una vez al día). A eso hay que restarle el combustible consumido por los camiones de basura, o sea menos emisiones de gases de efecto invernadero.
¿Se creen que eso es todo? Esos super cestos de basura también tienen sensores para detectar cuando están llenos, así que avisan enviando un mensaje inalámbrico al departamento de calles, así el camión recolector sabe que debe pasar por allí. Y como la basura está compactada, ocupará menos espacio en el basural municipal.
Al parecer también serán instalados en Chicago y en Boston.
¿Faltará mucho para verlos en las esquinas de nuestras ciudades?
Vía Ecogeek