Reserva ecológica de la Costanera Sur, Buenos Aires
Cuando nos llamamos ecológicos o amantes de la naturaleza, no sólo se trata de que protejamos al medioambiente desde nuestro sitio urbano, reciclando, ahorrando, etc. También debemos difundir los últimos espacios verdes por los cuales luchamos, y que debemos proteger.
En ciudad de Buenos Aires el último resquicio de naturaleza virgen que queda es la Reserva Ecológica Costanera Sur. Siempre amenazada por la codicia de ese espacio tan valioso, pero no es codiciada por el mismo valor que le damos nosotros, sino por el del terreno sin toda esa naturaleza que los ecologistas apreciamos y debemos defender.
Hoy mismo está amenazada por un helipuerto que han construido a apenas 500 metros. Según dijo el Gobierno de la Ciudad, se han tomado medidas para que no se vea afectada, pero lo cierto es que es casi imposible que teniendo helicópteros a 500 metros no se vea afectada, por más que no le vuelen por arriba a 10 metros de altura.
Bien viene que hagamos un repaso de la historia y de o que tiene de valioso para el medio ambiente esta reserva ecológica.
Allá por el año 1536, cuando los españoles al mando de Pedro de Mendoza llegaron a lo que es hoy Buenos Aires, se encontraron con un paisaje similar al de la Reserva Ecológica. Sólo que en aquellos tiempos no había edificios que tapasen la vista, y si uno miraba tierra adentro podía ver una pampa infinita. No había árboles, sino grandes arbustos, pajonales y pastizales.
Esa primera Buenos Aires fue abandonada, y vuelta a fundar en 1580, desde allí no dejó de robarle más y más terreno a la naturaleza terminando de echarla por completo, ni en las plazas quedó algo de esa naturaleza originaria, ya que estaban y están cubiertas por vegetación extranjera, traída de Europa.
Lo que hoy es la Reserva de la Costanera Sur era hace más de un siglo, 1918, un balneario municipal. Miles de porteños se bañaban en la costa del río. Pero hacia fines de los años 50 cayó en decadencia, porque el río estaba contaminado y se prohibió que la gente se bañase allí.
A inicios de los 70 esa costa dejó de existir, ya que comenzó la urgencia de ganarle terrenos no sólo a la naturaleza terrestre, sino al río mismo. Se comenzó a rellenar terrenos en 1978, con proyectos de creación de áreas verdes, pero que fueron abandonados. Aunque el relleno continuó de forma discontinua hasta 1984.
Desde ese año, la naturaleza comenzó a reclamar el espacio perdido. De forma espontánea comenzaron a crecer comunidades de vegetales a partir de semillas presentes en el sedimento, traídas por el río, el viento y los animales. Era la manera de la naturaleza de decir: sigo viva, y quiero un lugar en Buenos Aires.
Las comunidades de plantas atrajeron a las aves y otros animales, ofreciendo refugio. Surgieron pastizales, matorrales y lagunas, que llamaron la atención de los amantes de la naturaleza. Fue creciendo la diversidad biológica, y el lugar se fue haciendo cada vez más famoso, hasta que el Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires decidió reconocerlo oficialmente en 1986, ante el reclamo de diversas ONG. Desde ese año es un área protegida.
¿Qué podemos ver en la Reserva Ecológica Costanera Sur?
Allí la especia vegetal más abundante es la cordalera, más conocida como pastos o hierbas de las pampas. Sus pastizales ocupan grandes superficies, que se vuelven hermosos en la época de floración por los plumerillos característicos. Verlos ondular al viento, es hermoso.
Los cortaderales le dan cobijo a muchos animales, ya que la raíces, tallos y hojas secas proporcionan cuevas y refugios para roedores pequeños como los cuises. También hay serpientes y lagartos overos, sin contar la inmensa variedad de insectos.
A su vez estos pastizales dan alimento y sostén para descansar del vuelo a muchas aves como verdones, tijeretas, chingolos, mistos y jilgueros.
Un árbol típico de las islas del Delta es el ceibo, que también fue ganando terreno en la reserva ecológica. Su hermosa flor roja es la flor nacional. Suele crecer en la orilla de arroyos y ríos, y en las zonas altas de los pajonales.
A los ceibos los suelen acompañar otros árboles como el curupí y el sarandí colorado.
Luego está el matorral rivereño, típico del Río de la Plata. Integrado por pequeños árboles y arbustos, como la acacia mansa, el sarandí blanco, rama negra, murta, palo amarillo y curupí.
¿Qué mas? Hay juncales en las orillas del río y en las lagunas, de la especie Schenoplectus californicus. Y también pequeños bosques de alisos de río, típicos del Delta. También sauces y chilchas.
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