POR Victoria Reynal - Octubre 6, 2009

Una escuela sustentable, en Cortínez, provincia de Buenos Aires


clip image0027 thumb Una escuela sustentable, en Cortínez, provincia de Buenos AiresYamila tiene siete años, y asiste a una pequeña escuela en el pueblo de Open Door, Luján. Desde hace unos meses, cada vez que visita a alguien, le pide que junte el aceite usado de la cocina, para dárselo. Su iniciativa me sorprendió. Luego de un poco de investigación, descubrí que a la escuela de Yamila van profesores del Centro Educativo Rural N 1 a dar charlas sobre el medio ambiente, y a recolectar el aceite.

Fui a conocer esta escuela rural, y encontré un grupo de profesores que están muy comprometidos con educar a sus alumnos en temas ambientales. Con este propósito, han armado un proyecto ecológico integral llamado BIOCER, que incluye distintas líneas de acción. La idea surgió hace dos años y medio, y viene dando muchos frutos. Los profesores involucrados son Cristina Gordillo, Alfredo Salgado, Jorge Ydalgo, Rogelio Romero y Ángel Dovico.

Concretamente, el proyecto incluye:

1) La separación de residuos, en orgánicos e inorgánicos. Los residuos orgánicos se usan para hacer compostaje. El abono resultante se usa en la huerta, y para la producción de plantines. Los residuos inorgánicos son, en parte reciclados por ellos mismos, y en parte enviados a organizaciones que los reciclan.

2) La confección de bolsas de tela: La escuela trabaja junto con familiares de los alumnos para fabricar bolsas de tela, que eventualmente reemplacen a las de plástico, y que sirvan para concientizar sobre la necesidad de dejar atrás las hoy difundidas bolsas de nylon.

clip image002 thumb2 Una escuela sustentable, en Cortínez, provincia de Buenos Aires3) La producción de biodiesel. Esta es la parte más ambiciosa del proyecto. A los impulsores de BIOCER se les ocurrió hacer algo con los miles de litros de aceite usado que, no sólo se desperdician, sino que muchas veces contaminan millones de litros de agua cada día. (Un litro de aceite contamina mil litros de agua). Entonces, investigando, se les ocurrió elaborar biodiesel. Con mucho ingenio y esfuerzo, fueron rebuscándoselas, “todo a pulmón”, intentando conseguir préstamos, y donaciones. Hasta que el padre de un alumno, también profesor, les donó el reactor que filtra el aceite, convirtiéndolo en un biocombustible. Entonces, empezaron a contactarse con escuelas y restaurantes de Luján. Hoy, juntan el aceite de 40 restaurantes de la zona, y les quitan un problema.

El proyecto generó mucho entusiasmo: fue declarado de interés municipal, y se prometieron diferentes subsidios. Pero, hace no mucho tiempo, se les empezó a exigir que la máquina sea aprobada por un organismo gubernamental. Se les dijo que podría ser peligrosa, que podrían haber explosiones. Entonces, la máquina tuvo que dejar de producir. Hoy, Rogelio y Alfredo están tramitando la habilitación del proyecto como una planta piloto.

El biodiesel ya fue probado en el tractor de la escuela, y en algunos autos de los profesores, y funcionó sin problemas.

4) La difusión a otras escuelas. Rogelio dice que “no hay políticas ambientales, hay educadores ambientales” y que es nuestra “responsabilidad cuidar la Tierra para las generaciones futuras”. Con esto en mente, y con la idea de que los alumnos actúen como “agentes sociales multiplicadores”, los docentes realizan jornadas educativo-ambientales en distintos colegios. Con ellas, buscan difundir y concientizar sobre la importancia de cuidar el medio ambiente, y lo que cada uno puede hacer desde su lugar.

En cada una de estas iniciativas, participan los alumnos, que aprenden sobre ecología y energías renovables involucrándose en acciones concretas. Es así como comprueban por ellos mismos que es posible que nuestro mundo funcione de una manera más amigable con el medio ambiente.


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