Reflexión: el camino hacia la sostenibilidad
¿Por qué es vital repensar nuestra actual manera de vivir? Resulta casi imposible pretender hablar de sostenibilidad y, al mismo tiempo, omitir realizar el ejercicio de respondernos dicha pregunta. Tal vez, una posible explicación sea que seguimos creyendo habitar un planeta con infinitos recursos naturales, para satisfacer nuestras insaciables necesidades, o que simplemente, las actividades diarias nos impiden detenernos a dimensionar los impactos colectivos a nivel local, regional y global en el ambiente. Sea cual fuere el real motivo de dicha omisión, lo cierto es que la definición más comúnmente utilizada sobre desarrollo sostenible existe desde 1987 y todavía hoy encuentra poco eco, tanto en la conciencia individual como colectiva, a la hora de hacernos repensar nuestros hábitos de comportamiento.
En dicho año, la Comisión Brundtland, en su informe Nuestro Futuro Común, definió al desarrollo sostenible como aquél capaz de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender las suyas. Este inevitable desafío, exige el compromiso de toda la sociedad y debe comenzar a gestarse a nivel individual. Se cree que el desarrollo sostenible será alcanzado por la sumatoria de hechos locales a escala global y por ende, esta creencia demanda revisar nuestra conducta individual y como sociedad. Debemos comenzar por desarrollar una conciencia capaz de exigirnos modificar nuestros hábitos de comportamiento. Para esto, resulta indispensable el acceso a aquella información que permita educar nuestra mente y desarrollar un nivel de conciencia distinto al actual. Necesitamos comenzar a comprender las interrelaciones entre todo lo que nos rodea y cómo nuestro accionar tiene consecuencias físicas y temporales en el medio. Habitamos un planeta cuya gran educadora, la naturaleza, nos enseña que existen límites a la capacidad de carga de sus ecosistemas, que estamos rompiendo el delicado equilibro entre consumo y regeneración de recursos, y que algunos sistemas que permiten la vida, ya muestran alteraciones irreparables. Si queremos que nuestros hijos y nietos hereden un ambiente capaz de sostener la existencia humana, tenemos que de inmediato realizar cambios estructurales en nuestra manera de vivir.
Mahatma Gandhi supo decir: “Debemos vivir de forma más simple para que, simplemente, los demás puedan vivir”. De todas las frases que podrían tener relación con el desarrollo sostenible, quizá sea ésta la que más sintetiza la esencia del concepto de sostenibilidad y a su vez, reafirma que está en juego nuestra forma de vivir. Ahora bien, los cambios estructurales a nuestro modo de vida, deben estar basados en una combinación de nuevos hábitos de comportamiento y aplicaciones de tecnología que nos permitan emular los procesos de la naturaleza. De esta manera, así como en la naturaleza todo residuo natural es aprovechado como recurso para otro proceso, tanto las actividades industriales como el uso que hacemos de los bienes materiales, tienen que imitar dicha lógica. La tecnología ha comenzado a jugar un papel fundamental en el camino hacia la sostenibilidad. Tal es así que estrategias de eficiencia energética y generación de energía renovable, iniciativas de mitigación de gases de efecto invernadero, uso racional del agua y materiales reciclados que son reincorporados al medio para su uso, tienen como común denominador el uso de alta tecnología para su ejecución. Por este motivo, la tecnología está jugando un papel clave en la transición hacia una sociedad sostenible, de bajo carbono y que tal vez, pueda prepararse mejor para los embates del cambio climático. Sin embargo, estamos ante un desafío tan complejo que se necesitan múltiples estrategias para hacer frente a un mundo impredecible. No sólo está en juego nuestra forma de vivir, sino que también está a prueba nuestra imaginación para crear un presente que garantice el futuro de las próximas generaciones. Tenemos que modificar viejos hábitos de comportamiento y desarrollar nuevos; además, necesitamos diseñar nuevas tecnologías y modelos de negocios cuyo basamento sea un equilibrio entre preservar los recursos naturales para las generaciones futuras y mejorar la calidad de vida de las actuales.
Por último, cabe destacar el rol clave que le compete al Estado y cuya voluntad política resulta esencial para transitar el complejo camino hacia la sostenibilidad. Este rol de generador de políticas públicas, si bien es indelegable, tiene que ser apoyado y refinado por estrategias que lleven adelante las organizaciones del sector privado y de la sociedad civil. El Estado tiene la responsabilidad de generar conciencia y velar por la calidad de vida de la sociedad, a través de educar y crear una cultura centrada en valores sostenibles. Ahora bien, ésta responsabilidad no libera al sector privado de su rol clave como motor del desarrollo y generador de oportunidades de inserción social. En síntesis y por tratarse de nuestro futuro común, todos tenemos en mayor o menor medida un grado de responsabilidad y es impostergable la necesidad de tomar conciencia de que el destino de la humanidad, está en nuestras manos.




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