POR Victoria Reynal - Diciembre 26, 2009

El presupuesto de carbono: una alternativa al comercio de emisiones


image thumb12 El presupuesto de carbono: una alternativa al comercio de emisiones Uno de los métodos hoy más extendidos para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) es el llamado “cap-and-trade”, o comercio de derechos de emisión. Lo que hace este sistema es establecer un límite máximo de emisiones totales, y luego los países pueden intercambiar sus derechos de emisión para, en su conjunto, no superar el límite impuesto.

Este es el método planteado en el Protocolo de Kioto, y al que supuestamente deben responder los países industrializados (Anexo I).

Sin embargo, han aparecido varios obstáculos, y la aplicación de este sistema por momentos se complica. Hay reclamos de que la asignación de derechos de emisiones es injusta, de que los países en desarrollo están en desventaja cuando son los que menos vienen contaminando históricamente, y otros.

Por eso nos parece interesante presentar otro modelo, diseñado por un centro de investigación chino, que también busca organizar y controlar las emisiones de GEI, y así regular el cambio climático.

¿En qué consiste este modelo?

En inglés se llama Carbon Budget Proposal, es decir Propuesta de presupuesto de carbono, que por sus siglas en inglés llamaremos CBP.

La propuesta fue presentada el año pasado en Poznan, Polonia.

La CBP da por supuesto que las emisiones a nivel mundial van a llegar a su máximo en 2020, y que en 2050 van a reducirse en un 50% comparado con 2005. El modelo toma como población de referencia a la del año 2005. Calcula que cada persona tiene un presupuesto de carbono de 2,33 toneladas por año entre 1900 y 2050.

La distribución del presupuesto de carbono se hace en base a la población en el año base. Es decir los países que tienen más población tienen un mayor presupuesto, ya que más personas emiten más CO2.

Según los estudios del centro de investigación chino, si se diera un presupuesto de carbono a cada país para el periodo que va de 1900 a 2050, la mayoría de los países del Anexo I (industrializados) ya estarían gravemente en déficit.

Mientras que la mayoría de los países en desarrollo (no pertenecientes al Anexo I) tienen un importante superávit en su presupuesto de carbono. Incluso algunos países del Anexo I tienen un pequeño superávit, como Turquía y España.

En conjunto, los países que vienen siendo más contaminantes suman un déficit total de 509 mil millones de toneladas de dióxido de carbono. Mientras que el superávit de los países que están en mejores condiciones es de 985 mil millones de toneladas.

Un presupuesto de carbono vinculante debería generar un mecanismo para balancear estos desequilibrios en emisiones de carbono. Esto requeriría de tres etapas.

1) El sistema debería permitir las transferencias domésticas, para pagar atrasos de carbono históricos. Si históricamente un país esta en déficit, puede compensar esa deuda con presupuestos de carbono futuros. Por ejemplo, si un país emitió mucho CO2 en su pasado, puede compensar esto mediante iniciativas que sean menos contaminantes.

2) Otra opción son las transferencias internacionales de presupuesto de carbono que podrían ser usadas para pagar atrasos históricos. Si un país es incapaz de compensar su deuda mediante iniciativas menos contaminantes, como el punto 1, podría recurrir al superávit de los países menos contaminantes.

3) Y por último están las transferencias internacionales de presupuesto de carbono para satisfacer necesidades básicas: esto sería útil para los países que no llegan a cubrir sus deudas ni a equilibrar su presupuesto. Es decir que un país que históricamente viene emitiendo mucho CO2 y, a su vez, no es capaz de limitar sus emisiones, puede recurrir a los derechos de emisión de otros países.

Siempre es enriquecedor ampliar la mirada y analizar distintos métodos que pueden llegar a resultar efectivos. Esperemos que sigan apareciendo propuestas sobre cómo podemos enfrentar el cambio climático.

Fuente: worldchanging


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