Buenos Aires Verde, la fauna de hace 500 años
Continuando con lo que vieron los españoles al llegar, hace 500 años, a lo que sería luego Buenos Aires, ahora nos encargaremos de la fauna que encontraron. Ya vimos la flora en otro capítulo.
En las zonas húmedas se podían ver sapos y ranas. En los pastizales había muchas culebras y víboras. Los insectos eran muy abundantes y variados, no muy diferentes a los que se pueden ver hoy en día, ya que ellos no se suelen molestar si les construyen una ciudad encima de su antiguo hábitat.
Así es que se veían alacranes, grillos, cucarachas, gorgojos, polillas, tábanos, moscardones, moscas, mosquitos, hormigas, gusanos, mariposas, garrapatas.
Un insecto que hoy en día casi no se ve es la langostas, que por aquellos tiempos era muy abundante, a veces llegando a formar nubes enteras que devoraban todo a su paso. Esta es la razón por la que hoy casi no existan, ya que el hombre ha luchado contra ellas por que se comían los cultivos.
De la fauna más grande podríamos ver a los venados pastando un poco alejados de la costa. Escondido por los bosquecillos y matorrales podía acechar el yaguareté, que los españoles llamaban puma, tigre o pantera en las crónicas de la conquista.
Había cientos de especies de aves pequeñas, voladoras o terrestres como las perdices. Con cigüeñas y flamencos en las lagunas. Las más grandes eran los ñandúes, que corrían por la meseta sólo molestados por el animal mayor. Por las noches se podían oír a los murciélagos.
En las planicies se podían ver cuises, roedores de unos veinte centímetros de largo. También un pariente más pequeño del gigante Gliptodonte, el peludo o quirquincho, un armadillo de medio metro de largo.
No hay que olvidarse de los peces que vivían en los ríos. Sí, cuando me refiero a ríos hablo también del Riachuelo, que no siempre estuvo tan contaminado como hoy. Hace quinientos años, se podía pescar allí. Pero principalmente en el Río de la Plata se encontraba uno con mandubíes, peces de color rosado y piel transparente de unos cuarenta centímetros de largo.
Los pejerreyes, más abundantes y fáciles de pescar por ser grandes cazadores. El inmenso dorado, excelente nadador y hermoso pez que puede llegar a pesar unos 25 kilos. A estos los acompañaban patíes, bogas, y unas cuantas especies más.
Y el principal animal de toda esa región, que dejamos al final no por ser el más abundante, sino el que más alto estaba en la cadena alimenticia. Nos referimos al hombre.
La gente que habitaba esta zona antes de la llegada de los españoles eran descendientes de aquellos primeros humanos que arribaron a la región hace unos trece mil años.
Los conocemos gracias a los primeros cronistas que los describieron y los llamaban con el nombre de querandíes, que no era como ellos se llamaban a sí mismos, sino como los nombraban los guaraníes de las islas del delta.
Es poco lo que se sabe de ellos ya que no quedó ni uno solo con vida para contar su propia historia. Y como desaparecieron muy pocos años después de la llegada de los españoles, no hay muchos datos que se hayan dejado escritos sobre los querandíes.
Lo que nos contaron los primeros cronistas españoles fue que eran nómades, o al menos seminómades, ya que no permanecían siempre en el mismo sitio. Su territorio era la costa del Río de la Plata desde más allá del Riachuelo al sur, hasta la desembocadura del Paraná al norte. Tierra adentro el territorio de los querandíes se extendía mucho, aunque tan sólo para los períodos de caza, ya que para vivir preferían la orilla de los ríos, porque pampa adentro escaseaba el agua.
Los querandíes eran hombres de gran tamaño, robustos, de color moreno, y se los relacionó a menudo con los patagones, o sea los tehuelches de la Patagonia, con quienes seguramente estaban emparentados.
Cazaban venados y ñandúes con sus boleadoras, y también pescaban con redes. Tenían una sociedad bastante igualitaria, en la que nadie era más importante que el otro, sólo los jefes y caciques, que igualmente eran elegidos por los demás, y sólo funcionaban como consejeros.
Hasta los prisioneros españoles que capturaban, luego de un tiempo, eran uno más en la sociedad querandí, o sea que no había diferencia social alguna.
No eran muchos los querandíes, se estima que entre todas las tribus, serían unos quince mil al momento de la llegada de los españoles. Tan sólo en el asentamiento cercano a lo que hoy es Buenos Aires, había unos tres mil.
Hicieron contacto con los españoles en 1528 por primera vez, y se enemistaron enseguida con ellos, porque los europeos pretendían usarlos como trabajadores forzados. Mitad por culpa de esta guerra, y otro tanto por las enfermedades que trajeron los españoles, para las que ellos no estaban preparados, terminaron desapareciendo por completo apenas unos seis años después de la segunda fundación de Buenos Aires, en 1580.
Continúa en Buenos Aires verde, cómo la fundación de una ciudad altera el ecosistema
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