POR Geraldine Assmus - Marzo 2, 2010

Faber – Castell: Una empresa pionera en prácticas sustentables


Faber-Castell, empresa de origen alemán con más de 240 años de historia, es líder mundial en la fabricación de lápices de madera. Su sede central está ubicada en Stein, Alemania. En Argentina Faber-Castell está presente desde 1961.

El grupo Faber-Castell se caracteriza por combinar tecnología con el compromiso por garantizar la preservación del medio ambiente. Su compromiso acompaña todos los procesos de producción, desde grandes plantaciones de árboles en Brasil, la utilización de tinturas no tóxicas para sus productos, la reutilización de materias primas, hasta el tratamiento de aguas en sus plantas.

Faber-Castell obtuvo la certificación ISO 14001. En su conjunto, las emisiones de C02 han sido reducidas a la mitad en los últimos tres años, mediante programas de economización de energía, modernas plantas de producción, una reducción en el consumo de los combustibles fósiles, y el uso de fuentes de energía renovables.

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“No se necesita ser un visionario para darse cuenta de lo importante que es preservar los recursos naturales para las generaciones venideras. Nosotros damos mucha importancia a la producción compatible con el medio ambiente, como nuestro aporte para asegurar el futuro. La responsabilidad social y ecológica forma parte de nuestros valores centrales: se aplican no sólo a nuestra marca sino también a toda la organización declaró el Conde Anton Wolfgang von Faber-Castell, presidente del directorio de Faber-Castell.

Faber-Castell Brasil, la subsidiaria más grande del grupo, es el fabricante de 1.800 millones de lápices de grafito y color cada año. Creó y administra un proyecto único y pionero en Prata, el Estado de Minas Gerais, que consiste en la plantación de árboles para la producción de lápices. Todos los lápices fabricados por Faber-Castell Brasil se producen en un 100% con árboles producto de la reforestación. Y las plantaciones cuentan con la certificación forestal del FSC (Forest Stewarship Council), un trabajo que comenzó a principios de la década del ‘60.

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Este proyecto de forestación sustentable abarca una superficie de 100 km2, absorbiendo aproximadamente 100 mil toneladas de C02 cada año, mucho más que compensando varias veces las emisiones de la empresa a nivel mundial (20.607 toneladas métricas por año).

El Forest Stewardship Council (FSC) ha distinguido las existencias forestales en Prata con el exigente sello de "explotación forestal respetuosa del medio ambiente, socialmente admisible y económicamente sustentable". La certificación internacional "Chain of Custody" (CoC – “Cadena de Custodia”) es una certificación asignada por organizaciones comisionadas por la FSC que garantiza además que se puede hacer un seguimiento de la procedencia de la madera desde la plantación del árbol hasta el embalaje de los lápices.

Sin embargo, los bosques no se usan exclusivamente para la producción de madera. Se reservan 2.700 hectáreas como hábitat para numerosas plantas y animales, algunos de ellos en peligro de extinción. En estos bosques se han registrado 178 especies de aves, 36 especies de mamíferos y 40 especies de reptiles. Durante años la compañía ha contribuido a la biodiversidad y también a la educación de las personas del lugar para vivir en armonía con la naturaleza, como parte de sus propios proyectos ambientales tales como Arboris, Animalis y ECOmmunity.

Mediante la constante repoblación de las hileras de árboles cosechados, se crea un circuito ecológico cerrado: cada año se plantan de nuevo 1 millón de plantines del tipo Pinus Caribea. Crecen 20 m3 de madera por hora. Su producción de madera satisface más del 80% de la demanda de madera de la compañía en todo el mundo.

En 2008 el CEO de la empresa fue votado “Manager Ecológico del Año” por el WWF y la revista de negocios Capital por su compromiso con el medio ambiente.

El ciclo de vida completo de los productos es sometido a análisis en el sentido de la "política de producto integrada" (IPP), para reducir a largo plazo las necesidades de energía a un mínimo y preservar en forma permanente el medio ambiente. En ello se incluye la elección de todas las materias primas y procesos de fabricación, el embalaje, el transporte, hasta llegar a la utilización de los productos y su eliminación.

Los productos Faber-Castell son todos no tóxicos, y totalmente seguros para su uso por parte de los niños. Se utiliza la tecnología de pintura al agua, la cual no requiere ningún componente a base de petróleo para barnizar los lápices. Todos los productos se someten a una estricta prueba de toxicidad en el laboratorio de la compañía y están aprobados por el INMETRO (Instituto Nacional de Metrologia, Normalização e Qualidade Industrial (Brazil)).

El EcoLápiz de Faber-Castell es sólo una versión mejorada de los productos que la compañía viene fabricando desde hace décadas. El nuevo EcoLápiz negro compuesto por micropartículas activas garantiza una alta performance en la escritura.

“Las micropartículas activas de grafito son el resultado de la utilización de la nanotecnología para manipular las moléculas que componen el EcoLápiz”, explica Marcelo Tabacchi, Director Comercial de Faber-Castell Brasil. La nanotecnología consiste en la habilidad de manipular la materia a escala atómica para crear estructuras con una organización molecular diferenciada.

Cuidar el agua es un ítem importante en la producción responsable y sostenible. Se realiza un monitoreo de las aguas que pasan por los ríos y corrientes de los parques forestales de Faber – Castell Brasil con el objetivo de evaluar los efectos generados por las plantaciones de pinos. De esta forma se evalúa la temperatura, color, niveles de sólidos y presencia de minerales, además de realizarse otros 54 tipos de análisis.

A su vez, todos los efluentes sanitarios e industriales generados por la unidad que se devuelven al ambiente son tratados en un 100% por la Estación de Tratamiento de Efluentes (ETE), que comenzó sus operaciones en 1980.

La estación posee dos estanques para el tratamiento físico-químico, con capacidad de 16 m3 cada uno, y dos tanques de tratamiento biológico de 50 m3 cada uno. La capacidad total del tratamiento llega a 200 m3 diario.

En una primera instancia, se adicionan químicos a los efluentes para que se produzca la decantación de todo el material sedimentable, generando apenas el sobrante límpido que será encaminado para ser ventilado en los tanques biológicos. El barro generado por la retirada de material sedimentable es prensado en un filtro-prensa y destinado para el co-procesamiento en hornos de cementeras. Luego, se realiza un proceso que se basa en la oxidación bioquímica de los compuestos orgánicos e inorgánicos presentes en los efluentes sanitarios, mediante una población microbiana diversificada.

El efluente sanitario se ventila por medio de dispersores eléctricos. Como el proceso de degradación de la materia orgánica consume oxígeno, el estanque está equipado con un sistema de ventilación que provee de oxígeno para estas reacciones. Un ventilador es capaz de transferir la cantidad de oxígeno necesaria para la supervivencia y el crecimiento de la microfauna en el tanque.

Para garantizar que el tratamiento esté correcto, antes de devolver el agua a los ríos, pasa por un acuario lleno de peces para testear su limpieza.

Sin duda, Faber-Castell es un ejemplo de una organización en la cual el concepto de sustentabilidad se encuentra enraizado desde hace años, incluso antes de que el respeto al medio ambiente y el cambio climático esté en boca de todos.


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