POR Leandro Magri - Marzo 9, 2010

Sustentator lo explica: lamparitas


clip image002 thumb1 Sustentator lo explica: lamparitasDesde los orígenes del ser humano, el método más común de obtener luz ha sido generando una combustión, como ocurre cuando encendemos la rama de un árbol, una vela, un trozo de carbón o cualquier otro combustible.

Por otra parte, calentando una pieza metálica, se observa que a medida que se calienta pasa del color naranja al amarillo intenso. Si la temperatura alcanzada es suficientemente alta, puede obtenerse una luz blanca. Esa es la manera de lograr que una lámpara incandescente emita luz. clip image004 thumb1 Sustentator lo explica: lamparitas

En este caso, un alambre muy fino de wolframio o tungsteno (el filamento metálico de la lamparita), es calentado eléctricamente (2500 ºC aproximadamente) dentro de una cámara de cristal (la lamparita), bajo una atmósfera de un gas inerte conocido como Argón.

Se utiliza este gas porque no reacciona con el filamento (si hubiese oxígeno en contacto con el tungsteno, este entraría en combustión ni bien prendamos la lamparita) y además alarga la vida útil de la lámpara al evitar que el alambre de tungsteno se evapore y se depositen en la cara interna del cristal volviéndolo opaco.

En esta tecnología, el 90% de la energía consumida es irradiada en forma de calor. Es decir, sólo el 10% de la energía consumida es transformada en luz visible.

A partir de la tecnología de lámparas incandescentes se han desarrollado dispositivos más eficientes como las lámparas halógenas, las fluorescentes y las lámparas de bajo consumo denominadas CFL (Compact Fluorescent Lamp – Lámpara Fluorescente Compacta).

clip image006 thumb1 Sustentator lo explica: lamparitasEn las lámparas halógenas, el Argón es sustituido por un gas halógeno como el Iodo o el Bromo, al hacer esto, es posible someter el filamento a una temperatura bastante más alta que en el caso de las lamparitas incandescentes (3000 ºC aproximadamente), obteniéndose así, una mayor intensidad de iluminación con la misma cantidad de energía, o lo que es lo mismo, un mayor rendimiento (cercano al 20%). También poseen mayor vida útil.

El funcionamiento de una lamparita de bajo consumo, o CFL es el mismo que el de un tubo fluorescente común, excepto que es mucho más pequeña.

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Al encender una CFL sus filamentos (uno en cada extremo del tubo) se calientan eléctricamente, y el calor que producen ioniza el gas inerte contenido en el interior del tubo, creando un arco eléctrico entre los dos filamentos. En este punto del proceso los filamentos se apagan y se convierten en dos electrodos, responsables de mantener el arco eléctrico mientras permanezca encendida la lámpara.

La misión del arco eléctrico es la de ionizar el gas inerte. De esa forma los iones desprendidos del gas chocan contra átomos de vapor de mercurio (contenidos también dentro del tubo) provocando que estos se exciten y comiencen a emitir luz ultravioleta. Esta luz no es visible para el ojo humano, pero provoca que a su vez, una capa de material fluorescente que recubre el cristal se excite y emita luz blanca, que sí nos resulta visible.

Estas lámparas consumen una quinta parte de la energía eléctrica requerida por una incandescente para alcanzar el mismo nivel de iluminación. Además poseen una vida útil hasta 10 veces mayor, si es que se la usa correctamente (no puede prenderse y apagarse con la misma frecuencia que una incandescente). Resultan entonces, una mejora económica a mediano plazo.

Concluyendo con esta entrega, podemos decir que pasándonos a tecnologías de iluminación más eficientes como la CFL (o las cada vez más populares lámparas LED), y a su vez racionalizando nuestro consumo eléctrico para iluminación, por ejemplo, aprovechando la luz del sol durante el día e iluminando lo estrictamente necesario durante la noche, estaremos haciendo que nuestro estilo de vida, resulte un poco más sustentable.


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