MAMA ROJA: UN PARAÍSO selvático
Si a Marcelo Buttice y Kimberly Gosset les preguntamos por qué eligieron el nombre Mama Roja para su centro de estudios de Vida Sostenible, la respuesta es simple “No tiene un porqué, y tiene miles”.
Marcelo es oriundo del barrio porteño de Quilmes, y Kimberly llegó allí desde más lejos: el estado de Texas, en Estados Unidos. Ambos se asentaron en una propiedad de 32 hectáreas, la cual tratan de conservar utilizando nada más que algunos claros para construir y tener su propia huerta. “Vivimos en el medio de la selva misionera”, explican.
Pero, ¿cómo y por qué nace Mama Roja? “Este proyecto viene de nuestros deseos de vivir cerca de la naturaleza, producir nuestra propia comida con conciencia ecológica, y construir nuestra vivienda con materiales naturales”, nos cuenta Marcelo. “También poder compartir los conocimientos que tenemos y de esta forma hacer un pequeño cambio en el mundo”. Y así arranca este proyecto con un toque bohemio y mucha sensatez.
¿En qué consiste entonces Mama Roja? “Realizamos cursos de vida sostenible y construcción natural, en los cuales enseñamos los trabajos de la huerta, cultivo, mantenimiento, recolección, preservación de los productos de la huerta, y cómo salvar las semillas”, dice Marcelo. Pero eso no es todo: “También hacemos compost humano con el sistema del baño seco, mostramos sistemas de tratamiento de aguas grises, preparamos pinturas naturales, etc. Kimberly también enseña yoga y meditación”.
“Teníamos unos pocos ahorros, y el lugar es muy bello, la tierra es muy rica y tiene agua que
cruza la propiedad, una bonita cascada y un clima hermoso: esos fueron los factores para elegir el lugar”. Y así nace Mama Roja, en Junio de 2008, y desde entonces ha recibido gente de todas las nacionalidades que aportó al crecimiento del lugar con su trabajo y se ha enriquecido con los conocimientos adquiridos. Durante el período que toman los cursos, se forma una pequeña comunidad, que comparte responsabilidades, tareas y hasta comen juntos en la gran mesa que mes a mes recibe nuevas visitas. Eventualmente la idea es formar una comunidad de personas que quieren vivir de manera simple y en contacto con la naturaleza.
La filosofía de estos dos amantes de la vida natural es clara: confiar en que la tierra tiene la capacidad de cubrir nuestras propias necesidades. “Creemos que la seguridad y la independencia personal no vienen del consumo industrial: podemos construir con la tierra,
curarnos gracias a hierbas y ejercicios, alimentarnos en base a la comida que cultivamos sin la ayuda de químicos… Creemos que una vida feliz y sana es alcanzable de manera simple y natural respetando la Tierra y sus ciclos mientras protegemos la flor y la fauna nativas”, asegura Marcelo.
La importancia de lograr una armonía entre el hombre y su entorno es algo indispensable para Marcelo y Kimberly “debido a la situación altamente peligrosa a la que la humanidad se ha expuesto con el uso de herbicidas que generan malformaciones y contaminan el agua, los monocultivos y la búsqueda de rentabilidad de tierras que están agotando y desertificando grandes extensiones de tierra”. Y aseguran de manera contundente: “Vamos rumbo a un desastre de grandes dimensiones, no podemos vivir con estados que subsidian agricultores que usan químicos y producen enfermedades en su pueblo. Debemos volver a los sistemas naturales usados por nuestros ancestros y los conocimientos tecnológicos para hacer de este mundo algo mucho mejor”.
Pero si hay algo que nos interesa, más allá de la sabiduría y los conocimientos que tienen Marcelo y Kimberly, es saber más sobre la propia experiencia. ¿Cómo es dar vida a un proyecto así, tan arraigado a la tierra, a la vida natural, tan independiente de aquello que
en el medio de la ciudad (y a veces no tanto) pareciera indispensable? ¿Cómo es vivir así: en el medio de la selva, en pleno siglo XXI? Y la respuesta, como era de esperarse, supera nuestras expectativas: “Este es un tiempo de gran aprendizaje en el cual estamos reconociendo cómo se comporta la naturaleza a nuestro alrededor y tratando de conocer los ciclos climáticos. Estamos aprendiendo mucho sobre este sitio ya que todos lugares son únicos y cada uno debe trabajar de acuerdo a las características de su lugar. En lo personal, ha sido un tiempo de algunas frustraciones y grandes alegrías”.
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