Sustentator lo explica: el auto a hidrogeno
Nuestra economía está basada en el petróleo. Generamos electricidad, calor, nos alimentamos y nos impulsamos gracias a él. Nos permite un lujo material enorme, pero indudablemente, se trata de un recurso finito del que no dispondremos por siempre y, aunque así lo hiciéramos, su consumo masivo resulta incompatible con el bienestar de nuestro planeta y, por lo tanto, con el nuestro.
El parque automotor mundial es responsable de gran parte de las emisiones de dióxido de carbono y otros contaminantes. Es por ello que impulsar nuestros vehículos con un combustible abundante y limpio como el hidrógeno es una alternativa sumamente interesante al consumo de combustibles fósiles.
Existen dos maneras de utilizar este elemento como combustible. La primera es alimentarlo a un motor de combustión interna adaptado para funcionar con hidrógeno, con mezclas hidrógeno-nafta o hidrógeno-GNC.
Las emisiones contaminantes de estos vehículos son prácticamente nulas, salvo por pequeñas cantidades de NOx (debidas al Nitrógeno presente en el aire) y por la combustión del lubricante presente en el motor.
La segunda forma más eficiente y prometedora es mediante un motor eléctrico y pilas de combustible. En este caso, el hidrógeno es procesado por la pila junto el con oxígeno del aire para producir electricidad y agua. Se trata de un vehículo eléctrico y confiable, que genera poco ruido y cero emisiones contaminantes.
En cuanto al suministro de hidrógeno para la pila existen varias alternativas. Una de ellas es contar con un tanque de almacenamiento de hidrógeno líquido alta presión (400 atmósferas), de forma “similar” que en auto a gas natural comprimido.
La otra es utilizar un tanque para combustibles convencionales y un reformador, dónde ocurren reacciones químicas que generan “in situ” el hidrógeno necesario para la pila. Naturalmente, de esta manera de pierde la ventaja de “cero emisiones” del vehículo y la independencia del petróleo, aunque el rendimiento superior de la celda frente al motor de combustión interna implicaría un menor consumo de combustible. Sólo se trata de una solución transitoria.
El uso generalizado de hidrógeno como combustible va a depender de la infraestructura que se implemente para su producción y distribución en estaciones de servicio. Es bien sabido que detrás de la industria petrolera existen grandes intereses económicos, pero en última instancia, esos intereses obligadamente serán volcados hacia un sistema energético alternativo como el de la economía del hidrógeno.
Varias compañías automotrices internacionales trabajan desde hace muchos años en el desarrollo de estos vehículos. Algunas de ella optan por un motor de combustión adaptado (como BMW y Ford), otras por el reformador (como Renault) y un tercer grupo por el almacenamiento de hidrógeno puro (como General Motors y Honda)
Aún no es común ver este tipo de autos por las calles. Se trata de una solución significativa a los problemas medioambientales actuales y el incentivo social es fundamental para impulsar esta clase de tecnologías y cambiar para siempre nuestra forma de viajar, producir energía, y vincularnos con el medio ambiente.
Fuentes: “Energía alternativa”, Volumen 2, Editorial Thomson Gale|“La economía del hidrógeno” Jeremy Rifkin, Editorial Paidós|Wikipedia









