Sustentator lo explica: el auto electrico
Desde hace décadas, el parque automotor mundial es sinónimo de motores de combustión interna alimentados con combustibles fósiles. Actualmente conformado por 800 millones de automóviles (y una proyección de 3000 millones para el año 2050), es generador de gran contaminación sonora y atmosférica. Por lo tanto, la desvinculación del parque automotor y del sistema de transporte basados en el petróleo, es uno de los pasos clave hacia la sustentabilidad. Y el auto eléctrico es un medio tecnológico para ese fin.
Históricamente, el coche eléctrico fue desarrollado antes que los motores Diesel y Otto. Desde 1830 y hasta principios del siglo XX, se realizaron varias invenciones y mejoras, tanto en motores eléctricos como en baterías. En los EEUU, por ejemplo, Edison comercializaba un vehículo completamente eléctrico, limpio, silencioso y de fácil manejo, pero con limitaciones técnicas serias. Era muy pesado, no superaba los 30 Km/h y tenía muy poca autonomía.
En aquellos tiempos, los automóviles a combustión emitían un humo muy cargado, requerían de arranque manual con manivela y eran mucho menos eficientes y seguros que ahora. No obstante, el desarrollo tecnológico en este tipo de coches (como la inclusión del sistema de arranque eléctrico y la línea de montaje de Ford) fue mas “enérgico” que en los eléctricos, generando la completa desaparición de su industria para fines de 1930. Desde aquel entonces, el automóvil de combustión interna predominó por cuestiones claves como autonomía, tiempo de recarga, costo de adquisición y, obviamente, intereses económicos de corporaciones y países.
Un automóvil eléctrico está compuesto por uno o varios motores eléctricos (incluso uno pequeño en cada rueda),
puertos de carga (uno doméstico y otro para estación de carga rápida), un inversor (para convertir de corriente alterna a continua y cargar las baterías), transformadores, baterías y un sistema de control electrónico. Al igual que un híbrido, también cuenta con frenos regenerativos que durante el frenado convierten parte de la energía cinética del coche en energía eléctrica para las baterías. No utiliza caja de cambios o árboles de transmisión, tampoco requiere cambios de aceite periódicos y el mantenimiento requerido es mínimo.
De todos los componentes, la batería es de vital importancia. La autonomía, la velocidad máxima, el tiempo de carga y el coste de adquisición del vehículo dependen de la capacidad y del tipo de batería. Las principales tecnologías existentes son Plomo-ácido, Níquel-Cadmio (NiCd), Níquel-Hidruro metálico, iones de Litio, polímero de Litio y, Zebra (NaNiCl). A su vez, los principales parámetros de las baterías son: la cantidad de energía que pueden almacenar (KWh/Kg), la potencia que pueden entregar (KW/Kg), la vida útil (cantidad de ciclos de carga y descarga) y la eficiencia energética.
Existe un claro contraste con los 13 KWh/Kg de densidad energética de la nafta: una batería de ión de Litio proporciona un almacenamiento energético de 0,125 KWh/Kg, de aquí la restricción en desplazamiento. Para dar un contexto a este valor, la media de los vehículos eléctricos tiene una autonomía de 20 KWh, lo que, a un consumo general de 0,125 KWh/Km se traduce en una autonomía de 160 Km y unos 200 Kg de batería. En rigor, una restricción de autonomía no muy grave, si se piensa que el grueso de la población se desplaza menos de 100 Km por día. Por otra parte, vale la pena comparar el costo de esos 12,5 KWh (en la Argentina, y sin subsidio 0.23 pesos el KWh) cada 100 Km con los 9 litros de nafta (o m3 de gas) que suele consumir un coche actual para esa misma distancia. La conveniencia del eléctrico en este aspecto es indiscutible.
El tiempo de recarga completa es de 8 horas para un enchufe de hogar monofásico de 220 V, mientras que, en un puesto de carga rápida, trifásico de 220 V o superior, se podría recargar el 80% de la batería en 30 minutos.Para mejorar este tiempo, e igualarlo con el de la tecnología competidora, existe la propuesta de estaciones de servicio donde en lugar de ser recargada, la batería se cambie en unos minutos por otra precargada al 100%. La propuesta va más lejos aún y plantea que el coche sea comprado sin baterías (disminuyendo sustancialmente el costo de adquisición del coche) y que el servicio de recambio de baterías sea alquilado.
El rendimiento energético de todo el vehículo ronda el 85% y supera ampliamente el 30 % de rendimiento de uno a combustión. Aún si se tiene en cuenta toda la cadena de generación eléctrica, transporte, distribución, conversión y uso, la eficiencia del sistema completo resulta del orden del 25%, superando también al proceso de extracción, almacenamiento, transporte y uso de combustibles convencionales, con una eficiencia del 10%.
Finalizando, el auto eléctrico es sumamente silencioso y limpio, ya que de forma directa, no emite contaminantes atmosféricos o gases de efecto invernadero. De forma indirecta, puede ser tan contaminante como la fuente primaria de energía a partir de la cual se genere la electricidad que lo alimenta.Otra cuestión a no pasar por alto es el impacto medioambiental durante el ciclo de vida de las baterías, desde la extracción de las materias primas hasta el destino final o reciclado.
Los “100 años de ventaja” del coche fósil se van nivelando. Indudablemente, por continuas mejoras que lo vuelvan más accesible y por muchos otros factores, de aquí en más, el automóvil eléctrico se volverá cada vez más popular y conveniente. Especialmente si los usuarios así lo demandan.
Fuente: Wikipedia| Nissan Leaf| IMiev|EVWind| Vehículo Eléctrico Tesla
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