La importancia de los microbios para lidiar con derrames de petroleo
Uno de los peores desastres ecológicos de la historia ocurrió el año pasado en el Golfo de México, cuando la plataforma petrolífera Deepwater Horizon, arrendada por la British Ptroleum, se hundió luego de una explosión. Pocos meses antes había logrado perforar el petróleo más profundo de la historia petrolera. Ocurrió un derrame descontrolado desde el fondo marino, que según diversas fuentes fue entre 700 y 780 millones de litros. Algo que enseñó este desastre es que los microbios son importantes en la degradación de petróleo, jugando un papel importante en la reducción del impacto ecológico de un derrame.
En un mundo ideal sería preferible ni siquiera tener que lidiar con el petróleo, pero siendo que ese día está todavía muy lejos, es bueno que se estudien las formas de lidiar con los desastres que se pueden producir en el manejo de este combustible fósil. Según el experto en microbios Terry Hazen, del Berkeley National Laboratory, Estados Unidos, “el destino de todos los derrames de petróleo dependen de un set único de circunstancias que gobernarán el riesgo y el impacto, incluyendo el volumen de petróleo derramado, la naturaleza química del petróleo y los ecosistemas con sus condiciones medioambientales específicas. Sin embargo, el común denominador es la naturaleza cosmopolita de los microbios que degradan el petróleo”.
Hazen ha estudiado los microbios tanto en el derrame del Golfo de México, como en el tristemente famoso de hace 20 años de Alaska, el Exxon-Valdez. Los hidrocarburos de los derrames de petróleo crudo son productos naturales derivados de algas acuáticas que se fosilizaron hace unos 180 millones de años. Si bien suele ser terrible cuando este fósil líquido es liberado de su tumba entre las rocas, es algo que ocurre también de forma natural, con terremotos, y movimientos de placas. Si bien no tan seguido y catastrófico como cuando ocurre por la acción del hombre. Pero al ser algo natural, hay bacterias, arqueobacterias y hongos que han evolucionado para poder utilizar los hidrocarburos del petróleo como una fuente alimenticia y de energía.
Si bien estos microorganismos están presentes casi en todas partes, representan una proporción menor en la comunidad microbiana de cualquier ecosistema. Como decíamos, los derrames pueden ocurrir naturalmente, pero son menores y no son catastróficos. Cuando ocurren la comunidad de este tipo de microorganismos devora-petróleo aumenta de forma dramática. Siempre se aprovecha este crecimiento en los derrames accidentales, incluso se los potencia arrojando fertilizantes con nitrógeno para acelerar la biodegradación del petróleo, o sea aumentar la población de microorganismos que se pueden comer el petróleo.
En el caso del derrame de Exxon-Valdez de 1989, cerca del 30 por ciento de los hidrocarburos derramados, fueron biodegradados en unas pocas semanas. En el caso del Golfo de México, también ocurrió que las especies locales de microorganismos, incluyendo algunas especies desconocidas, biodegradaron los hidrocarburos cercanos al pozo casi por completo en pocas semanas, una vez que se logró sellar la pérdida. Según los estudios realizados por Hazen, cuando el petróleo está altamente dispersado en el agua y donde la población microbiana está bien adaptada a consumir hidrocarburos, como el Golfo de México, la biodegradación es bastante rápida.
Esto sirve para que se hagan estudios biológicos preventivos en los sitios donde se vaya a perforar, donde se esté extrayendo petróleo, y tal vez también en las rutas habituales de los barcos petroleros. Sabiendo que se puede contar con las comunidades microbianas, se puede evitar el uso de otros contaminantes para evitar que los derrames lleguen a las costas.
Fuente: ScienceDaily









